top of page

¿Cómo se trabaja en terapia?

Foto del escritor: Amal Salomon
Amal Salomon
6 ago
3 min de lectura

Entender el modelo que sostiene el TID —la disociación estructural que vimos en el artículo anterior— permite comprender por qué el tratamiento de este trastorno no se aborda de la misma manera que otros cuadros clínicos, y por qué apurar ciertas etapas puede ser contraproducente.


El estándar clínico: tratamiento orientado por fases

La Sociedad Internacional para el Estudio del Trauma y la Disociación (ISSTD) estableció, a través de sus guías clínicas, un modelo de tratamiento orientado por fases que constituye hoy el estándar de referencia (consenso de expertos) para el abordaje del TID (Chu et al., 2011). Este modelo no es exclusivo del TID: se utiliza también en otros trastornos disociativos complejos, y se organiza en tres fases con objetivos claramente diferenciados.


Fase 1: estabilización y seguridad

La primera fase, lejos de ser un mero paso preparatorio, suele ser la más extensa y, en muchos casos, la más determinante del pronóstico. Su objetivo es establecer seguridad, reducir síntomas, construir una alianza terapéutica sólida, y desarrollar habilidades de regulación emocional que permitan a la persona sostener su vida cotidiana (Mitra & Jain, 2023, como se citó en investigación clínica reciente). Esta fase incluye también empezar a fomentar la cooperación interna entre los distintos estados de identidad, en lugar de forzar su integración de manera prematura.

Es importante remarcar que las guías de la ISSTD son explícitas respecto a que avanzar a la siguiente fase antes de tiempo puede ser contraproducente: existen contraindicaciones concretas para avanzar al procesamiento del trauma, como un funcionamiento cotidiano muy comprometido, problemas de apego severos, escasos recursos de afrontamiento, dependencia de sustancias activa, situaciones de abuso en curso, o problemas médicos sin resolver (ISSTD, 2011, como se citó en investigación reciente sobre efectividad del tratamiento).


Fase 2: procesamiento del trauma

Solo una vez alcanzada una base sólida de estabilización se avanza hacia el trabajo directo con las memorias traumáticas que las Partes Emocionales sostienen de forma encapsulada. Este trabajo se realiza de forma pautada y gradual —nunca de manera abrupta—, precisamente para evitar una desestabilización que reactive los mecanismos defensivos que se buscaba, en la fase anterior, empezar a flexibilizar.


Fase 3: integración y rehabilitación

La última fase se orienta a consolidar la cooperación —y, cuando es posible, la integración— entre los distintos estados de identidad, y a acompañar a la persona en la reconstrucción de una vida cotidiana plena: vínculos, proyectos, trabajo, sin la necesidad de mantener la fragmentación como estrategia de supervivencia (Chu et al., 2011).


Un tratamiento de largo aliento, con alianza terapéutica en el centro

Vale la pena remarcar algo que distingue a este abordaje de tratamientos más breves y estructurados: se trata, en la enorme mayoría de los casos, de un proceso de largo plazo, en el que la relación terapéutica misma —sostenida, consistente y genuinamente confiable— constituye una herramienta central del tratamiento, no solo un contexto donde este ocurre.

En el próximo y último artículo de esta serie sobre TID, vamos a revisar qué dice concretamente la evidencia sobre los resultados de este tipo de tratamiento a largo plazo.



Referencias

Chu, J. A., Loewenstein, R., Dell, P. F., Barach, P. M., Somer, E., Kluft, R. P., Gelinas, D. J., Van der Hart, O., Dalenberg, C. J., Nijenhuis, E. R. S., Bowman, E. S., Boon, S., Goodwin, J., Jacobson, M., Ross, C. A., Sar, V., Fine, C. G., Frankel, A. S., Coons, P. M., … Twombly, J. (2011). Guidelines for treating dissociative identity disorder in adults, third revision. Journal of Trauma & Dissociation, 12(2), 115–187. https://doi.org/10.1080/15299732.2011.537247

 

Comentarios


bottom of page