Trastorno de Identidad Disociativo: ¿cómo se siente vivir con ello?
Después de establecer qué dice el DSM-5-TR sobre el TID, corresponde detenerse en algo que los criterios diagnósticos, por su naturaleza, no pueden transmitir: cómo se experimenta este trastorno desde adentro. La investigación cualitativa —que recoge relatos en primera persona de quienes conviven con el diagnóstico— permite acercarnos a esa dimensión subjetiva que ninguna lista de síntomas alcanza a describir del todo.
La fragmentación como experiencia, no solo como síntoma
Una investigación doctoral reciente, centrada específicamente en la fenomenología descriptiva del TID, identificó dos grandes ejes en los relatos de quienes viven con este trastorno: la experiencia corporal alterada y lo que sus participantes describieron como una sensación de "yo fragmentado" (Eyüpoğlu, 2024). No se trata únicamente de "no recordar" ciertos episodios, sino de una vivencia mucho más profunda de discontinuidad: el cuerpo puede sentirse ajeno, las emociones pueden aparecer sin un correlato de recuerdo que las explique, y el tiempo mismo pierde la linealidad que damos por sentada la mayoría de las personas.
Este mismo estudio señaló algo especialmente relevante para quienes trabajamos en salud mental: buscar ayuda psicológica, paradójicamente, puede volverse un obstáculo adicional para las personas con TID, más que un alivio inmediato (Eyüpoğlu, 2024). Esto ocurre en parte porque el sistema de salud mental no siempre está preparado para reconocer el cuadro a tiempo, y en parte porque explicar una experiencia tan poco lineal a un profesional no entrenado en trauma y disociación puede resultar, en sí mismo, agotador o directamente invalidante.
El conflicto interno como parte de la experiencia cotidiana
Otro aspecto que aparece de forma recurrente en los relatos de primera persona es el conflicto — no en el sentido metafórico, sino como una experiencia concreta de tensión entre los distintos estados de identidad. Investigaciones cualitativas que analizaron entrevistas en profundidad con pacientes diagnosticados encontraron que gran parte del malestar cotidiano no proviene únicamente de la amnesia entre estados, sino de las discrepancias de objetivos, valores o formas de responder al entorno que pueden surgir entre ellos. Convivir con esa tensión interna, sostenida en el tiempo, es en sí mismo una fuente de sufrimiento que rara vez se comunica hacia afuera, precisamente por el estigma que rodea al diagnóstico — tema que desarrollaremos en el próximo artículo de esta serie.
El impacto en los vínculos
La dimensión relacional también aparece con fuerza en la literatura. Un estudio cualitativo con doce personas diagnosticadas con TID encontró que la experiencia de vivir con el trastorno atraviesa de forma directa la manera en que se relacionan consigo mismas y con los demás, particularmente en torno a la decisión de revelar o no el diagnóstico a su entorno cercano (Fox et al., 2013). Contar (o no contar) sobre los propios estados disociativos a una pareja, un familiar o un amigo no es un dato menor: condiciona la posibilidad de pedir ayuda en un momento de crisis, y expone a la persona a reacciones que van desde la incomprensión hasta el rechazo directo.
Una vivencia que suele comenzar mucho antes del diagnóstico
Un dato que ayuda a entender la dimensión temporal de esta vivencia: la edad promedio de aparición de los primeros síntomas disociativos se ubica alrededor de los 6 años (American Psychiatric Association, 2022; Fox et al., 2013), mientras que el diagnóstico formal, en la enorme mayoría de los casos, llega recién en la adultez. Esto significa que buena parte de las personas con TID atraviesan gran parte de su infancia, adolescencia y primeros años de adultez sin un marco que les permita entender lo que les sucede — muchas veces con la sensación de estar "fallando" o de no encajar en ninguna descripción clínica que hayan escuchado antes.
Disociación como mecanismo, no como patología en sí misma
Vale la pena introducir aquí un concepto que retomaremos con más profundidad al hablar del modelo psicológico que sostiene este trastorno: la disociación no debería entenderse como una falla del psiquismo, sino como una capacidad adaptativa que la mente utiliza para desconectarse de una realidad —o de una amenaza— que en un momento dado resultó imposible de procesar de otra manera (Nijenhuis & Van der Hart, 2011). Vivir con TID, desde esta perspectiva, no es "tener rota" la identidad, sino sostener —muchas veces durante años, y sin ningún acompañamiento— una estrategia de supervivencia psíquica que en su momento cumplió una función necesaria, y que hoy puede empezar a trabajarse en terapia.
Por qué esta perspectiva importa
Entender la experiencia subjetiva del TID no es un ejercicio de empatía superficial: es información clínicamente relevante. Un profesional que solo mira la lista de criterios diagnósticos, sin considerar cómo se vive la fragmentación, el conflicto interno y el temor a ser juzgado, corre el riesgo de pasar por alto señales tempranas del cuadro — una de las razones, como vimos, por las que el diagnóstico suele demorar tanto. En el próximo artículo de esta serie vamos a poner en cuestión, justamente, algunos de los mitos más instalados sobre este trastorno, y por qué persisten a pesar de la evidencia disponible.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787
Eyüpoğlu, H. B. (2024). The descriptive phenomenology of dissociative identity disorder [Doctoral dissertation, University of Dundee]. Discovery Research Portal. https://discovery.dundee.ac.uk/en/studentTheses/the-descriptive-phenomenology-of-dissociative-identity-disorder/
Fox, J., Bell, C. H., Jacobson, L., & Hundley, G. (2013). Recovering identity: A qualitative investigation of a survivor of dissociative identity disorder. Journal of Mental Health Counseling, 35(4), 324–341.
Nijenhuis, E. R. S., & Van der Hart, O. (2011). Dissociation in trauma: A new definition and comparison with previous formulations. Journal of Trauma & Dissociation, 12(4), 416–445. https://doi.org/10.1080/15299732.2011.570592



Comentarios