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Trastorno de Identidad Disociativo: Mitos frecuentes.

Foto del escritor: Amal Salomon
Amal Salomon
29 may
3 min de lectura

Actualizado: 6 ago


Pocos diagnósticos en salud mental acumulan tantos mitos sostenidos por la ficción como el Trastorno de Identidad Disociativo. Desarmarlos con evidencia no es un gesto simbólico: condiciona directamente si alguien se anima a buscar ayuda o prefiere ocultar lo que le pasa por miedo a no ser creído.


Mito 1: "Es producto de la sugestión del terapeuta"

Durante décadas circuló la llamada hipótesis o "modelo de la fantasía", que sostenía que el TID surgiría de la sugestionabilidad, la propensión a la fantasía y la influencia iatrogénica de terapeutas que "instalarían" el diagnóstico en pacientes altamente sugestionables (Dalenberg et al., 2012). Sin embargo, estudios que compararon directamente a personas con diagnóstico genuino de TID, personas simulando el cuadro, personas con TEPT y controles sanos encontraron que el grupo con TID genuino no presentó mayor propensión a la fantasía ni mayor sugestionabilidad que los demás grupos, y tampoco generó más recuerdos falsos (Vissia et al., 2016). La evidencia disponible respalda consistentemente al modelo del trauma por sobre el modelo de la fantasía (Dalenberg et al., 2012; Vissia et al., 2016).


Mito 2: "Es lo mismo que la esquizofrenia"

Es común escuchar hablar de "voces" tanto en el TID como en los cuadros del espectro psicótico, lo cual genera una confusión frecuente incluso entre profesionales no especializados. Sin embargo, se trata de fenómenos clínicamente distintos: en el TID, las voces suelen experimentarse como provenientes del interior de la propia mente y asociadas a estados de identidad diferenciados, mientras que en la esquizofrenia las alucinaciones auditivas suelen percibirse como ajenas al yo y no se acompañan de la discontinuidad identitaria característica del TID (StatPearls, 2023). Confundir ambos cuadros no es un matiz menor: puede derivar en tratamientos farmacológicos que no abordan la raíz disociativa del problema.


Mito 3: "La gente finge tener TID para llamar la atención"

La sospecha de simulación (malingering) es una de las barreras más frecuentes que enfrentan las personas con TID al buscar ayuda. La evidencia, sin embargo, no respalda que esto sea habitual: en estudios que utilizaron medidas específicas para detectar simulación, los resultados fueron mayormente inconclusos o no lograron diferenciar de forma consistente a quienes simulaban el cuadro de quienes lo padecían genuinamente (Brand et al., 2016). Sospechar sistemáticamente de simulación frente a un diagnóstico correctamente evaluado no tiene, hasta el momento, sustento empírico sólido.


Mito 4: "Cada 'alter' es una persona completamente distinta"

Como mencionamos en el primer artículo de esta serie, hablar de "personalidades múltiples" —tal como sugería el nombre antiguo del trastorno— distorsiona lo que ocurre clínicamente. No se trata de personas independientes conviviendo en un mismo cuerpo, sino de estados disociados de una única identidad que no logró integrarse en una experiencia continua (Brand et al., 2016). Esta distinción no es semántica: orienta de forma directa el objetivo del tratamiento, que no busca "eliminar" alters sino favorecer la cooperación e integración entre los distintos estados.


Por qué desarmar estos mitos importa clínicamente

Un trabajo de referencia que examinó empíricamente los mitos más extendidos sobre el TID concluyó que gran parte de las creencias populares sobre este trastorno carecen de sustento en la evidencia disponible, y que sostenerlas activamente contribuye al subdiagnóstico y al estigma que enfrentan quienes lo padecen (Brand et al., 2016). Divulgar con rigor no es solo una cuestión académica: es, en un sentido muy concreto, parte del tratamiento.



Referencias

Brand, B. L., Sar, V., Stavropoulos, P., Kruger, C., Korzekwa, M., Martínez-Taboas, A., & Middleton, W. (2016). Separating fact from fiction: An empirical examination of common myths about dissociative identity disorder. Harvard Review of Psychiatry, 24(4), 257–270. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000100


Dalenberg, C. J., Brand, B. L., Gleaves, D. H., Dorahy, M. J., Loewenstein, R. J., Cardeña, E., Frewen, P. A., Carlson, E. B., & Spiegel, D. (2012). Evaluation of the evidence for the trauma and fantasy models of dissociation. Psychological Bulletin, 138(3), 550–588. https://doi.org/10.1037/a0027447


StatPearls Publishing. (2023). Dissociative identity disorder. NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK568768/


Vissia, E. M., Giesen, M. E., Chalavi, S., Nijenhuis, E. R. S., Draijer, N., Brand, B. L., & Reinders, A. A. T. S. (2016). Is it trauma- or fantasy-based? Comparing dissociative identity disorder, post-traumatic stress disorder, simulators, and controls. Acta Psychiatrica Scandinavica, 134(2), 111–128. https://doi.org/10.1111/acps.12590

 

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