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Trastorno de Identidad Disociativo: ¿qué es?

  • Foto del escritor: Amal Salomon
    Amal Salomon
  • 29 may
  • 4 min de lectura

El Trastorno de Identidad Disociativo (TID) es, probablemente, el cuadro disociativo que genera más desinformación en el imaginario popular — entre películas, series y el uso coloquial de la expresión "personalidad múltiple". Antes de hablar de mitos o de cómo se vive con él, conviene partir de una descripción clínica precisa: qué dice exactamente la evidencia y los manuales diagnósticos sobre este trastorno.


Definición según el DSM-5-TR

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, en su quinta edición revisada (DSM-5-TR), ubica al TID dentro de la categoría de los trastornos disociativos y lo define a partir de la presencia de dos o más estados de personalidad o identidad, con una discontinuidad importante en el sentido de sí mismo y en el sentido de agencia (American Psychiatric Association, 2022). En términos simples: la persona no experimenta su identidad como una unidad continua, sino como distintos "estados" que pueden alternarse, cada uno con patrones propios de percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno y sobre sí mismo.

A este criterio central se suma un segundo elemento, igual de importante: la amnesia. No se trata únicamente de olvidar eventos traumáticos, sino que el DSM-5 amplió el criterio para incluir también lapsos de memoria en información personal relevante y en eventos cotidianos (HealthyPlace, s.f., citando DSM-5). Es decir, alguien puede no recordar con quién estuvo, qué conversación tuvo, o cómo llegó a determinado lugar, sin que medie consumo de sustancias ni ninguna otra condición médica que lo explique.

Los criterios diagnósticos se completan con dos condiciones adicionales, comunes a gran parte de los diagnósticos en salud mental: que el cuadro genere malestar clínicamente significativo o deterioro en el funcionamiento (laboral, social, personal), y que la alteración no pueda explicarse como parte de una práctica cultural o religiosa ampliamente aceptada, ni sea atribuible a otra afección médica o al efecto de sustancias.


Un poco de historia: de la "personalidad múltiple" a la identidad disociada

El nombre con el que mucha gente todavía conoce este cuadro —trastorno de personalidad múltiple— dejó de usarse formalmente hace tres décadas. Apareció por primera vez como diagnóstico en el DSM-III (1980), y fue renombrado a Trastorno de Identidad Disociativo recién en el DSM-IV, en 1994. El cambio de nombre no fue cosmético: buscó corregir una idea errónea instalada por el término anterior. "Personalidad múltiple" sugiere la existencia de varias personalidades completas conviviendo en una persona; "identidad disociativa", en cambio, describe con más precisión lo que ocurre clínicamente — no es una multiplicación de personalidades, sino una falta de integración de la identidad en una experiencia unificada y continua (Pluralpedia, s.f.).

Este dato no es menor para la divulgación: buena parte de los mitos que vamos a desarmar en un próximo artículo de esta serie tienen su raíz justamente en esa denominación antigua, y en la forma en que el cine y la televisión la retomaron.


¿Qué tan frecuente es?

A diferencia de lo que la representación mediática podría sugerir —como si fuera un diagnóstico excepcional, casi de novela—, la evidencia epidemiológica ubica la prevalencia del TID en la población general entre 1% y 1.5%, con una afectación prácticamente equivalente entre hombres y mujeres (Ross & Ness, 2010). Esta cifra, que puede sorprender por lo relativamente alta que es, contrasta con lo poco frecuente que resulta ver el diagnóstico correctamente identificado en la práctica clínica cotidiana — un punto que retomaremos cuando hablemos de por qué este trastorno suele tardar años en diagnosticarse.


Los "estados de identidad": qué son y qué no son

Es común escuchar hablar de "alters" para referirse a los distintos estados de identidad que puede presentar una persona con TID. La Sociedad Internacional para el Estudio del Trauma y la Disociación (ISSTD) los describe como identidades que funcionan con relativa autonomía entre sí, cada una con patrones de comportamiento y, en ocasiones, hasta diferencias en el lenguaje o la expresión utilizada (StatPearls, 2023). Esto no equivale a "personas distintas viviendo en un mismo cuerpo" en el sentido literal que suele mostrar la ficción, sino a estados disociados de una misma identidad que no logró integrarse como experiencia unificada — una distinción sutil, pero clínicamente central, que desarrollaremos con más detalle en el artículo sobre el modelo psicológico que sostiene el cuadro.


Por qué importa partir de una definición precisa


Divulgar sobre TID sin anclar primero en la definición clínica formal es, en parte, lo que perpetúa buena parte de la desinformación existente. En los próximos artículos de esta serie vamos a abordar cómo se vive subjetivamente este trastorno, qué mitos persisten a pesar de la evidencia, qué modelo psicológico explica su desarrollo y mantenimiento, y cómo se trabaja terapéuticamente — pero todo eso solo tiene sentido si se sostiene sobre esta base diagnóstica correctamente entendida.


Referencias

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787


Ross, C. A., & Ness, L. (2010). Symptom patterns in dissociative identity disorder patients and the general population. Journal of Trauma & Dissociation, 11(4), 458–468. https://doi.org/10.1080/15299732.2010.495939


StatPearls Publishing. (2023). Dissociative identity disorder. NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK568768/

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